
Pasea
lamiendo
acariciando
restregando
oliendo
sigiloso
tras los barrotes
al acecho de
dianas
certeras
entre los cráneos
Los ojos del niño cruzan los barrotes de oxido,
deslizandose a través de las ranuras verdes, rasgadas;
se siente todopoderoso danzando con pies de noche,
las garras brotan de estolas albinas que entonan
canciones de cosecha prematura
y se asoma al vértigo sin intuir el terruño
ácimo al otro lado de la herrumbre.
Vierte el óleo de sus ojos,
ya no es pantera.