
Siete pisadas húmedas
Tres charcos desplomados
Cinco farolas que titubean
Once soles trenzados
Ciento veinticinco muertes
Trece gritos ahogados
Nueve rayos de ira rota
Impares son los zarpazos
Me perderé aquí, sabrás lo que siento, lo que necesito, pero no sabrás mi nombre
El aroma del azafrán emanado de un cuadro, como si un golpe de viento se tratase, nos ha abierto la ventana de nuestra memoria. Y allí, en medio de ese rinconcito que nos pertenece solo a nosotras, han empezado a desfilar los fantasmas de nuestra niñez: